sábado, 9 de junio de 2007

Golondrina


Estaba aquí liado, continuando poniendo en orden el ordenador (el Alder le llama desordenador), cuando miro hacia la ventana y veo una golondrina observándome desde el balcón. Me acerco, le hago un par de fotos y ni se inmuta. Me vienen a la memoria viejos recuerdos de la época universitaria, me hice amigo de una paloma! comenzó viniendo a mi ventana cada día, supongo que a reirse de mi, a observarme allí encerrado sin levantar cabeza de unos papeles con los días tan bonitos que hacía ahí fuera. Un día abrí la ventana y poco a poco fue entrando y acabamos estudiando los dos, ella venía, se paseaba por mi mesa, se ponía en mi hombro y estudiaba un ratillo conmigo, después salía volando por la ventana ... hasta el día siguiente.
Creo que la golondrina de hoy me quiere decir lo mismo que la paloma de aquellos días, ¿qué haces encerrado con el día tan bonito que hay aquí fuera? Hoy, a diferencia de aquellos días con la paloma, no tengo ninguna obligación para estar aquí encerrado; así que la golondrina, en lugar de acompañarme en mi encierro ha emprendido el vuelo ... me ha recordado que mi obligación es llevar a mis retoños a vivir el día, nos vamos pá la playa!

1 comentario:

Tere Marin dijo...

Y aquí viene esa poesía que no por trillada es menos hermosa.

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales, jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun mas hermosas,
sus flores abrirán;
pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
¡así no te querrán!

Gustavo Adolfo Becquer